Qué es el hígado graso (HGNA)

El hígado graso no alcohólico (HGNA) es un síndrome caracterizado por la presencia de depósitos de grasa en el hígado en pacientes sin consumo de alcohol y en ausencia de otras causas de enfermedad hepática.

Estos exceso de grasa en el hígado se denomina esteatosis hepática. Habitualmente, sospechamos la enfermedad, en pacientes que presentan una elevación moderada de las transaminasas cuando se les practica una analítica de rutina o bien, por la presencia de signos de esteatosis en una ecografía abdominal, cuando ésta se practica por estudio de molestias abdominales inespecíficas.

El HGNA incluye una lesiones que van desde la esteatosis hepática simple, generalmente con un buen pronóstico, la esteatohepatitis no alcohólica, que por una serie de mecanismos complejos hace que la grasa induzca la aparición de cambios inflamatorios y un grado variable de fibrosis, que en algunos casos puede evolucionar hasta la cirrosis hepática.

qué es el hígado graso

La sospecha de estos cambios inflamatorios sólo se puede diagnosticar al observar el microscopio una pequeña muestra del hígado obtenida mediante una biopsia hepática. aunque estas entidades forman parte del espectro de la misma enfermedad, su diferenciación es importante, ya que tiene un valor pronóstico diferente.

¿Es una enfermedad rara el HGNA?

Es una enfermedad muy prevalente, afectando entre el 20-30% de la población en los países desarrollados como el nuestro, siendo superior al 70% entre los sujetos con obesidad o diabetes tipo 2.

Por otra lado, se trata de la enfermedad hepática más frecuente por encima de la producida por el consumo de alcohol y de las hepatitis crónicas.

Por desgracia, la prevalencia de esta enfermedad va en aumento en paralelo al aumento de la obesidad y la diabetes, verdaderas epidemias del siglo XXI.

Todo ello, está relacionado con el cambio de hábitos tan alimentarios como de estilo de vida que se ha producido en nuestra sociedad, en los últimos años.

¿Por qué se produce?

No se conocen del todo las causas de la enfermedad, pero en un porcentaje importante de enfermos se relacionan con la presencia de obesidad (90% de los pacientes), diabetes (75% de los pacientes) y aumento del colesterol y triglicéridos (30% de los pacientes).

Frecuentemente, un mismo enfermo puede tener estas tres alteraciones, que a veces se acompaña de aumento de la presión arterial, y entonces se dice que tiene un síndrome metabólico.

Esto predispone a la presencia de la llamada resistencia a la insulina que facilita la acumulación de grasa en el hígado. Es por ello, que hoy en día se considera el hígado graso el componente hepático del síndrome metabólico.

El hecho de padecer este síndrome y teniendo en cuenta que los diferentes componentes que la conforman son factores de riesgo cardiovascular, hace que los enfermos con hígado graso puedan tener una predisposición a la arteriosclerosis (presencia de placas de colesterol en las arterias) y puedan padecer enfermedades del corazón (infarto) o embolias cerebrales.

Otras causas menos frecuentes incluyen antecedentes de cirugía digestiva (reducción de estómago, resección intestinal), consumo de ciertos fármacos (corticoides, hormonas, antiarrítmicos, antivirales, tamoxifeno) nutrición por vena o algunas enfermedades hereditarias raras.

¿Cuáles son sus síntomas?

Habitualmente, la enfermedad hepática por depósito de grasa no suele provocar síntomas. Algunos enfermos notan cansancio, malestar general o dolorimiento en la parte derecha y superior del abdomen.

Como se ha dicho anteriormente, la sospecha diagnóstica de HGNA se realiza ante la alteración de las pruebas de función hepática (generalmente aumento de las transaminasas) o bien por la presencia de alteraciones de la ecografía abdominal, presencia de un hígado brillante, que es provocado por la presencia de grasa.

Sin embargo, el diagnóstico definitivo sólo puede hacerse mediante la práctica de una biopsia hepática. Se suele hacer en aquellos casos que se sospecha que la enfermedad puede estar evolucionada y nos puede ayudar a hacer el pronóstico y tomar decisiones terapéuticas. Habitualmente, la prevalencia estimada de esteatohepatitis es del 2-3%.

La biopsia hepática consiste en la extracción de un fragmento de tejido hepático a través de una punción, para su posterior visualización microscópica. esta exploración, se realiza con anestesia local y bajo control ecográfico.

Se trata de una prueba muy segura, si bien en un porcentaje pequeño de pacientes pueden presentar complicaciones como dolor y hemorragia.

¿Es una enfermedad grave?

En pacientes con esteatosis simple, la enfermedad hepática suele tener un curso benigno, aunque se ha documentado el desarrollo de cirrosis en un porcentaje muy bajo de pacientes (<5% en 10-20 años).

Sin embargo, es importante en estos enfermos, especialmente los que presentan un síndrome metabólica, no fijarse únicamente en la enfermedad hepática sino tratar de corregir los componentes de la misma, que como se ha dicho son factores de riesgo cardiovascular y evitar el desarrollo de una enfermedad cardiovascular.

¿Cuál es su tratamiento?

Actualmente no disponemos de un tratamiento específico para la enfermedad hepática por depósito de grasa. El objetivo principal del tratamiento es controlar los diversos factores de riesgo.

En los enfermos con obesidad o sobrepeso se recomienda perder peso modificando los hábitos dietéticos y estimular la realización de ejercicio físico.

Se aconseja, perder un 10% del peso inicial en 6 meses (0,5-1 kg cada semana) y para ello hay que caminar 30 minutos diarios durante 5 días a la semana y tomar una dieta rica en ácidos grasos poliinsaturados (aceite de maíz o de soja, pescados como el atún, sardina, trucha o salmón), pobre en ácidos grasos saturados (mantequilla, embutidos, carne de cerdo, ternera o cordero, leche), y con antioxidantes (vitamina C), fibra, frutas y vegetales.

Estas medidas mejoran de forma importante las transaminasas, así como los hallazgos ecográficos. En casos de obesidad mórbida, la cirugía bariátrica también provoca una mejora de las lesiones hepáticas, si bien en algunos casos, pueden presentar un empeoramiento de la lesión hepática. Por otro lado, debemos insistir en el tratamiento de los factores asociados.

En caso de diabetes es importante que mantengan unos buenos nivel de la glucosa, mediante la dieta, ejercicio y el tratamiento específico con hipoglucemiantes orales. En caso de aumento del colesterol y triglicéridos deben tratarse con fármacos que disminuyen sus niveles.

Además hemos de aconsejar una mejora de otros hábitos de la vida cotidiana, tales como no fumar y no beber alcohol más de 20 gr de alcohol al día (una caña de cerveza o un vaso de vino).

También se han propuesto tratamientos con antioxidantes, como la vitamina E, así como tratamientos específicos para la esteatohepatitis no alcohólica, si bien su efectividad aún se está estudiando.

Alimentos que ayudan a mejorar la función del hígado

A pesar de que son dos entidades embriológicas diferentes, el hígado y la vesícula biliar funcionan en armonía y los trataremos conjuntamente.

El hígado, como todos los órganos y sistemas del cuerpo humano, funciona siguiendo unos ritmos circadianos, es decir, su actividad aumenta o disminuye según la hora del día.

Así, el pico de máxima actividad se concentra alrededor del mediodía, y los mínimos, a primera hora de la mañana y la noche. Esto quiere decir que tendríamos que adaptar la ingesta de alimentos que necesitan más de esta actividad en el horario de funcionamiento y hacer, por tanto, la comida más importante al mediodía.

alimentos para el hígado graso

Alimentos que ayudan al hígado

Ayudar al hígado significa  insistir  a consumir alimentos depurativos:

  • Vegetales: verduras de hoja grande, remolacha, zanahoria, alcachofas, rábanos, espárragos verdes, endibias, rúcula y crucíferas como el brócoli, la col y la coliflor. Todos ayudan a eliminar toxinas -entre ellas, los productos cancerígens- y aumentan la producción de enzimas hepáticas que hacen esta función; también neutralizan los metales pesados, químicos y pesticidas. Y no olvidemos el ajo, que activa la función enzimática del hígado.
  • Frutas: manzana, que limpia la toxicidad del tubo digestivo y por lo tanto disminuye la carga tóxica del hígado. Y cítricos: pomelo, limón, lima, con una gran cantidad de antioxidantes y vitamina C que ayudan a eliminar los radicales libres, a digerir las grasas. También estimulan la función de la vesícula y la vía biliar.
  • Frutos secos: nueces, con altas cantidades de aminoácidos que ayudan a la desintoxicación de amonio y que aportan glutatión y omega-3, necesarios para la limpieza hepática.
  • Cereales: de grano entero, que ayudan a la digestión y procesamiento de las grasas ya la descongestión del hígado.
  • Especias: cúrcuma, que, además de expulsar tóxicos del hígado, es un excelente preventivo de las demencias seniles y el Alzheimer.
  • Aguacate: fundamentalmente rico en glutatión, el conductor de la limpieza de tóxicos del hígado.
  • Aceites: el de oliva y lino prensados en frío aportan los ácidos grasos esenciales para las membranas celulares y facilitan la disminución de la carga tóxica general del organismo, a la vez que ayudan indirectamente el hígado.
  • Té verde: lleno de antioxidantes, buenos ayudantes de las funciones hepáticas.

Alimentos que no mejoran la función del hígado

Y, finalmente, alimentos que no favorecen el hígado para que lo cargan de procesos innecesarios, le hacen limpiar tóxicos que no debería tener y le obligan a acumular residuos que pueden transformarse en los más bienvenidos cálculos -o piedras en hígado y en la hiel.

  • Los productos lácteos, especialmente la leche de vaca -que podemos sustituir por bebida de avena. Si es necesario, podemos tomar yogures y queso de cabra, que no están tan industrializados.
  • Los fritos, grasas animales y margarinas .
  • Las bebidas con gas y azucaradas y alcohólicas de grado alto, sin olvidar que un vaso de vino en cada comida es un excelente preventivo de la enfermedad cardiovascular.
  • El azúcar blanco, bollería o productos con azúcar blanco, los edulcorantes artificiales y las harinas refinadas.
  • Los alimentos enlatados, envasados, procesados, precocinados, los conservantes, colorantes, las pastillas de caldo y las sopas y los jugos preparados.

 

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