Qué es el lenguaje verbal y no verbal

En su origen, el término lenguaje tiene un sentido muy restringido. Equivale a la expresión del pensamiento mediante la palabra, pero es habitual ampliar el concepto hasta identificarlo con el término código. Hablaremos entonces de diferentes lenguajes en función de diferentes códigos.

Esto nos permite distinguir entre lenguajes verbales -los que utilizan la palabra oral o escrita- y los no verbales -los que utilizan otros códigos. Estos emplean los colores, las miradas, los sonidos o los olores, entre otros, para construir lenguajes más específicos, como por ejemplo el lenguaje corporal, el lenguaje de las flores, movimientos con el abanico o el del cine.

Es importante constatar, de entrada, el carácter notoriamente logocéntrico de nuestro aprendizaje. El lenguaje verbal nos permite organizar y conceptualizar el pensamiento. Aprendemos en la medida que verbalizamos. Asimilamos un concepto en la medida que adquirimos una palabra para definirlo. Hemos sido capaces, así, de incorporar a nuestro aprendizaje el concepto árbol en la medida que lo hemos sabido verbalizar.

qué es el lenguaje verbal

Por el contrario, no podemos distinguir los infinitos matices que un inuit puede percibir al observar la nieve, si no disponemos de una clasificación bastante elaborada.

Por otra parte, ya desde el neolítico -cuando el proceso de esquematización de las pinturas paleolíticas determina el origen de las letras y los posteriores fonemes-, el lenguaje oral se ha configurado como el medio de comunicación por excelencia. En un aprendizaje logocéntrico corresponde una comunicación logocéntrica.

No hay que olvidar, sin embargo, que la comunicación no verbal es un elemento decisivo de la comunicación. Muchos autores coinciden en señalar que los componentes verbales suman menos del 35% del significado social de la situación, mientras que más del 65% del significado social queda del lado de la comunicación no verbal. La interpretación de la comunicación no verbal está sujeta a fuertes restricciones: el contexto toma gran relevancia, así como los condicionamientos culturales.

Funciones del lenguaje

Roman Jakobson analizó las funciones básicas de la comunicación, y por tanto también del lenguaje:

Función referencial o representativa: aludir al contexto en que tiene lugar la comunicación. La misma expresión en un contexto diferente cambia de significado. Por ejemplo: “déjalo ahí”, según de que se hable cambian los referentes del “lo” y del “aquí”.

  • Función expresiva o emotiva: comunicar una idea que tiene el emisor, hacer partícipes a los demás de los propios pensamientos.
  • Función conativa o apelativa: conseguir un efecto determinado por parte del receptor (por ejemplo, los rezos, las preguntas …).
  • Función fática: llamar la atención del receptor, comenzar o restablecer la comunicación.
  • Función metalingüística: hablar sobre el mismo lenguaje. Por ejemplo, “el verbo haber se escribe con h y con v”.
  • Función poética: embellecer el mensaje, como ocurre en la literatura. Según Jakobson, la función poética es la más importante, ya que pone en marcha todas las demás.

Un modelo alternativo es el de Friedemann Schulz von Thun, llamado modelo de las cuatro caras. Según él, cada mensaje emitido contiene cuatro caras o capas de significado, pero determinados mensajes acentúan más una de ellas. Los malentendidos comunicativos surgen cuando se relacionan las capas, ya que muchas de estas vehiculan información implícita. Las capas o caras serían:

  • Factual: es el contenido explícito del mensaje o la proposición que se deriva. Se puede juzgar desde el punto de vista informativo, decidiendo si lo que se comunica es verdadero o no, si corresponde al tema tratado.
  • Expresiva: el mensaje siempre indica algo del emisor, desde sus sentimientos hasta rasgos de su personalidad.
  • Relacional: el mensaje revela como es percibido el receptor por parte del emisor y qué concepción tiene de la relación que mantienen.
  • Apelativa: intención del mensaje, que se pretende del receptor.

Competencias del lenguaje

Hasta los años sesenta, la lengua se había considerado básicamente como materia de conocimiento, como un conjunto cerrado de contenidos que había que analizar, memorizar y aprender: la fonética y la ortografía, la morfosintaxis y el léxico de la lengua.

La palabra clave que aglutinaba estos conocimientos era gramática. La finalidad de clase de lengua era aprender la estructura de la lengua: la gramática. Saber lengua significaba tener muchos conocimientos cognitivos de este tipo y se demostraba haciendo determinadas actividades gramaticales, como el análisis sintáctico, la transcripción fonética, los dictados, las conjugaciones verbales, etc.

A partir de los años sesenta, varios filósofos (JL Austin, Searle, pero también Wittgenstein fuerza antes) empiezan a poner énfasis en el uso de la lengua, en su funcionalidad y en el que se consigue utilizándola. Entendemos la lengua como una forma de acción o de actividad que se realiza con alguna finalidad concreta.

La lengua es una herramienta múltiple, un instrumento que sirve para conseguir mil y una cosas: encargar una comida, comprar gasolina, mostrar agradecimiento, quejarse, protestar, saludar, pedir y dar información, entre otros. Cada acción lingüística con la que se consigue algunos de estos objetivos es un acto de habla y consiste en la codificación o descodificación de un mensaje oral o escrito.

qué es el lenguaje no verbal

El conjunto de los actos de habla es el conjunto de acciones verbales que se pueden realizar con una lengua y, también, constituye el corpus de objetivos de aprendizaje. Hay varias clasificaciones de estos actos que se agrupan para grandes grupos genéricos de funciones u objetivos a conseguir: pedir información, excusarse, saludar, despedirse, entre otros.

La palabra clave que define esta nueva visión de la lengua y que se opone a la anterior es uso (o también comunicación). El uso y la comunicación son el verdadero sintiendo último de la lengua y el objetivo real de aprendizaje, en el que aprender lengua significa aprender a usarla, a comunicarse o, si ya se sabe algo, aprender a comunicarse mejor y en situaciones más complejas o comprometidas. Así pues, es importante distinguir entre el conocimiento y el uso de la lengua, así como el aprendizaje de uno y otro.

También, es importante esta distinción en el contexto sociolingüístico y especialmente en nuestro contexto social, ya que hay muchas implicaciones trascendentales, tanto en la escuela como en la sociedad. Es decir, la sociedad quizá cada vez sabe más catalán, pero no por ello lo utiliza más. O un joven que en la escuela ha estudiado inglés durante mucho tiempo, pero no sabe hablarlo, por tanto, no se podría comunicar correctamente porque no domina bien el código lingüístico de la lengua, y en este caso, no sería una persona competente, comunicativamente hablando.

Lo que un hablante necesita saber para comunicarse de manera eficaz, es decir, que consigue el objetivo, en contextos culturalmente significantes, significa ser competente comunicativamente hablando. Para alcanzar esta competencia, se deben dominar las cuatro competencias del lenguaje (competencia lingüística, competencia sociolingüística, competencia discursiva y competencia estratégica).

1. Competencia lingüística: se caracteriza por la capacidad de una persona para producir enunciados gramaticales en una lengua; enunciados que respeten las reglas gramaticales en todos los niveles del lenguaje: morfología, sintaxis, fonética-fonología y semántica. Por ello, también se denomina competencia gramatical, ya que siempre se ha conocido como la competencia de la gramática tradicional. Esta competencia es un conocimiento implícito que un hablante tiene sobre su propia lengua y permite codificar mensajes, comprenderlos y juzgar sobre su gramaticalidad.

El concepto de competencia gramatical fue propuesto por Noam Chomsky en su obra Estructuras sintácticas de 1957, en el que relaciona el concepto de lengua con competencia y el concepto de habla con actuación.

2. Competencia sociolingüística: se caracteriza por la capacidad de una persona para producir y entender adecuadamente expresiones lingüísticas en diferentes contextos de uso. Los factores de la competencia sociolingüística son las situaciones de los participantes y la relación que existe entre ellos, sus intenciones comunicativas, los eventos comunicativos en los que están participando y las normas y convenciones de interacción que los regulan.

3. Competencia discursiva: es la capacidad de captar y / o producir textos con sentido que se puedan percibir como un todo coherente y adecuado a la situación y al tema. Es decir, es la habilidad de un individuo para escoger un discurso adecuado a las intenciones y situación de una manera eficaz. Por lo tanto, es importante que:

– Se tenga en cuenta la situación (posición social y relativa)

– Se haga referencia a un tema

– Coherencia

– Cohesión

Haciendo referencia a estos últimos dos puntos, debemos decir que son la parte fundamental de la competencia discursiva. Es importante que haya cohesión para poder asumir el texto como un conjunto de palabras y oraciones (unidad lingüística) y, también, es indispensable la coherencia, ya que permite la construcción de la estructura textual y, por tanto, podemos atribuir -le un sentido claro en el texto.

4. Competencia estratégica: estrategias de comunicación verbal y no verbal que se pueden utilizar para compensar deficiencias provocadas por limitaciones e insuficiencias y favorecer la efectividad de la comunicación. Si definimos estrategias aplicadas al aprendizaje de una lengua, podríamos aplicar la definición que nos dice Rebecca Oxford (1990). Según esta autora, las estrategias son acciones concretas empleadas por el aprendiz para hacer que el aprendizaje sea más fácil, más rápido, más agradable, más eficaz y más transferible a nuevas situaciones.

Signos

Artículos principales: signo lingüístico y signo semiótico
Para construir mensajes con el lenguaje se utilizan los signos, unidades extraídas del código común entre el emisor y el receptor. Un signo consta de una parte material (significante), perceptible por los sentidos, y de una parte conceptual, que es la idea que quiere representar (significado). Con el significado, se apunta hacia una parte de la realidad (referente).

La señal de “Prohibido aparcar», por ejemplo, es un signo, porque lo percibimos con la vista y representa la idea mental que no podemos dejar el vehículo estacionado en ese lugar. También son signos el sonido y la escritura de las palabras, la expresión o comportamiento de una persona, los logotipos, el olor de la comida, etc.

La semiología es la ciencia que estudia los signos que utiliza el ser humano en la sociedad: a parte de los ya mencionados antes, son destacables los costumbres, los ritos simbólicos y la moda, entre otros. El lingüista Ferdinand de Saussure, que fue quien creó y definir el término semiología, considera que la lingüística es parte de la semiología, que estudia el signo. El signo es, según él, la base del lenguaje.

Clases de signos

El científico norteamericano Charles Sanders Peirce clasificó tres clases de signos: los indicios, los iconos y los símbolos, según la relación del elemento representativo (signo) y el elemento representado (concepto):

  • Indicios: llaman indicios aquellos signos que tienen una relación de causalidad o proximidad con la realidad que representan. Suelen producirse de forma espontánea. Son ejemplos el rastro de un animal, el humo y el olor del fuego, el representante de una persona o los síntomas de las enfermedades.
  • Iconos: las iconos son signos que tienen una relación de semejanza (mucha o poca) con el objeto que representan. Son ejemplos los dibujos, las fotografías, los mapas, los logotipos o las onomatopeyas, ya que se asemejan a la realidad representada.
  • Símbolos: no hay ninguna relación aparente entre el símbolo y el objeto que representa. Sólo quedan relacionados arbitrariamente por convenio o costumbre entre aquellos que los utilizan. Son ejemplos la mayoría de las palabras, las cifras y algunas señales de tráfico.

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